En Terapia Gestalt no es tan importante el qué sino el cómo. Esto resulta muy interesante porque las personas solemos enfocarnos en lo que nos sucede, los problemas, las relaciones que tenemos, etc. y prestamos poca atención al cómo manejamos todo esto.

Si somos prácticos, y pensamos que siempre tendremos alguna situación vital que nos impactará emocionalmente, podemos deducir que lo importante aquí no es tratar de arreglar dicha situación sino la actitud que tomamos al respecto y cómo gestionamos las emociones que se nos despiertan.

Seguiremos viviendo pérdidas (de trabajo, de relación, de familia, etc.) y seguiremos transitando duelos y momentos difíciles y poco agradables. Seguiremos sintiendo dolor, y experimentando emociones como la rabia, el miedo o la tristeza, que suelen costarnos más o menos dependiendo de cada uno.

Todas estas emociones tienen un motivo de ser. La tristeza nos ayuda a quedarnos quietos y así, aceptar una situación. Corporalmente nos invita a parar, descansar, incluso aislarnos, y así asumir que no podemos hacer nada ante algo que nos está ocurriendo (como la muerte de un ser querido, por ejemplo). Esta tristeza es necesaria y sanadora, para poder elaborar el duelo y despedir a esa persona con nuestro corazón. Si, en nuestro intento de salir cuanto antes de la tristeza, no nos la permitimos, entonces sufriremos, y quizás, con el tiempo, desarrollemos una depresión o un gran enfado hacia el mundo.

La rabia también tiene su sentido a nivel adaptativo. Sirve para poner límites, para movernos, actuar y decir “no”. La rabia nos da fuerza y esa fuerza nos puede ayudar a autoafirmarnos, a protegernos, a cuidarnos. Si, de nuevo, por miedo al qué dirán o a perder el control, reprimo dicha rabia, seguramente me sienta cada vez menos confiad@ y segur@ de mi mism@ (puesto que no soy capaz de poner mi límite) y acabe desarrollando una inseguridad tremenda con la que no consigo sentirme capaz de lograr nada en la vida.

Son ejemplos de cómo, al no permitir que surjan las emociones básicas, las tapamos y desarrollamos estados de ánimo compensatorios y perjudiciales para nuestra salud psíquica y emocional.

La emociones vienen y van, y así debería ser para cualquier persona. Cuando se quedan estancadas en algún momento de nuestro ciclo de necesidades, es cuando surge la neurosis. Desde la Terapia Gestalt, se ayuda a identificar estas emociones y lo que hacemos con ellas, para ver donde nos bloqueamos y nos hacemos daño.

Además, el cuerpo es en la Gestalt un gran vehículo de ayuda para trabajar con las emociones. Es maravilloso como ellas quedan dentro del cuerpo si no sabemos soltarlas a tiempo. Una emoción, como su nombre indica, requiere movimiento (“moción”), y el cuerpo que no fluye y no transita dichas emociones, será un cuerpo más o menos bloqueado en función de su estado de enquistamiento (cronicidad).

Hay ejercicios muy sencillos y prácticos para trabajar con nuestras emociones y ver cómo nos manejamos con ellas y nos quedamos enganchados a veces. Te dejo un par de ellos a continuación:

Ejercicio 1.

Si hacemos una revisión de nuestras creencias respecto a las emociones descubriremos mucho más de nuestra manera de gestionarlas, por ejemplo:

  • ¿Qué me pasa con la tristeza?, si me cuesta expresarla ¿qué fantasía tengo que puede pasarme si la expreso? ¿qué opino de las personas que muestran su tristeza en público?
  • ¿Qué me pasa con la rabia?, si la siento pero no me permito exteriorizarla (hablamos de rabia entendida como fuerza autoafirmativa, no de violencia) ¿qué fantasía tengo que puede pasarme si la expreso? ¿qué opino de las personas que muestran su rabia en público?

Podemos hacer lo mismo también con el miedo y la alegría, y así completaríamos las 4 emociones básicas que contempla la Gestalt. Anotamos en una hoja todo lo que pensamos o tenemos interiorizado respecto a ello. Puede que nos vengan flashes de recuerdos pasados y comprendamos mejor por qué nos manejamos de una manera u otra con ciertas emociones.

Ejercicio 2.

Este ejercicio sirve para comprendernos mejor en una situación concreta. Si, por ejemplo, te sientes bloqued@ respecto a algo que necesitas expresar puedes ir directamente a la emoción base. Para ello, piensa en esa situación, imagínatela y mira qué partes de tu cuerpo se activan, se tensan, se bloquean, etc.

Una vez localizadas, descubre cómo es eso que sientes (textura, temperatura, forma, color, etc.). Cuando lo tengas deja que hable por sí solo, y mira de qué emoción o emociones se trata, qué necesita dicha emoción que hagas con ella, etc.

Finalmente con la respiración puedes tratar de hacerle espacio, a la vez que le das la bienvenida a aquello, haciéndole saber que está bien que esté ahí. Poco a poco, mediante la conciencia y tu respiración, verás como esas sensaciones irán desapareciendo o incluso puede que antes se muevan de lugar.

Haz estos ejercicios y, si lo deseas, puedes dejarme tu experiencia en los comentarios.

Un abrazo,

Gisela López Sanfeliu